Respuesta rápida: el prolapso rectal es el descenso del recto y su salida a través del ano. No se resuelve solo y tiende a progresar. El tratamiento depende de qué capa sale: el prolapso mucoso suele manejarse con ligadura o láser, mientras que el prolapso de todo el espesor necesita una intervención reparadora. Un prolapso que no se reduce y se hincha es una urgencia.
Contenido revisado por Op. Dr. Yasir Gözü, especialista en proctología.
¿Qué es el prolapso rectal?
El recto son los últimos doce a quince centímetros del intestino grueso. Lo sostienen ligamentos, los músculos del suelo pélvico y el complejo esfinteriano que rodea el canal anal. Cuando ese soporte se afloja, el recto desciende y se invagina hacia fuera a través del ano.
Al principio aparece solo al defecar y vuelve solo a su sitio. Con los meses sale con más facilidad, al caminar, toser o estar de pie, y acaba permaneciendo fuera. Cuanto más se repite, más se distiende el esfínter, y por eso el escape de gases o de heces forma parte del cuadro en buena parte de los pacientes.
Afecta sobre todo a dos grupos distintos: mujeres mayores de cincuenta años, en especial tras varios partos vaginales, y niños de uno a cuatro años, en los que casi siempre es transitorio.
Las formas de prolapso rectal
No todos los prolapsos son iguales, y la diferencia decide el tratamiento: puede descender solo la mucosa, el intestino puede plegarse dentro de sí mismo sin asomar, o puede salir toda la pared.
Síntomas del prolapso rectal
Lo primero que nota la mayoría es un bulto blando y húmedo después del esfuerzo. A partir de ahí las molestias se acumulan de forma gradual.
- Bulto que aparece al defecar y, más adelante, al toser, caminar o estar de pie
- Necesidad de empujar el tejido con la mano para reintroducirlo
- Secreción de moco y manchado de la ropa interior
- Escape de gases o de heces, presente en cerca de la mitad de los pacientes o más
- Sensación constante de que el intestino no se ha vaciado
- Sangrado leve procedente de la mucosa expuesta
- Picor, irritación y humedad alrededor del ano
¿Prolapso o hemorroides?
Se confunden con frecuencia, aunque la diferencia se ve en la exploración. El recto prolapsado sale como un cilindro con anillos concéntricos, igual que las secciones de un telescopio. Las hemorroides prolapsadas salen como lóbulos separados con surcos que van del centro hacia fuera. Además, el prolapso suele ser indoloro hasta que se estrangula.
Causas y factores de riesgo
Rara vez hay una sola causa. El prolapso aparece cuando una presión mantenida durante años actúa sobre un suelo pélvico debilitado.
- Estreñimiento crónico y años de esfuerzo defecatorio
- Diarrea crónica, que somete al suelo pélvico a la misma sobrecarga repetida
- Varios partos vaginales, sobre todo si fueron difíciles o instrumentados
- Debilitamiento del suelo pélvico y del esfínter con la edad
- Cirugía pélvica o anorrectal previa
- Tos crónica, como en la EPOC o en fumadores
- Enfermedades neurológicas: lesión medular, esclerosis múltiple, síndrome de cola de caballo
- En niños: fibrosis quística, desnutrición, parasitosis o diarrea prolongada
Cómo se diagnostica el prolapso rectal
Suele bastar una consulta. En la camilla el prolapso a menudo no se ve, así que se pide al paciente que haga fuerza o que se ponga en cuclillas para poder observarlo y medirlo. En la misma exploración se valora el tono del esfínter, lo que indica cuánta reserva funcional queda.
Cuando el recto no llega a salir o los síntomas no encajan con lo que se ve, se añaden pruebas: la defecografía, por radiología o por resonancia, muestra cómo se pliega el recto durante la evacuación. La manometría anorrectal mide la presión del esfínter cuando la incontinencia es la queja principal, y la ecografía endoanal detecta un esfínter dañado por el parto.
En adultos, sobre todo por encima de los cincuenta, se recomienda una colonoscopia para descartar que un pólipo o un tumor esté actuando como punto de arrastre.
Opciones de tratamiento
Medidas conservadoras
En el prolapso mucoso, en la invaginación interna y en las fases iniciales, el primer paso es retirar la sobrecarga: entre 25 y 30 gramos de fibra al día, líquido suficiente, ablandadores de heces cuando hagan falta y la norma de no sentarse a empujar en el inodoro. Los ejercicios del suelo pélvico y el biofeedback ayudan a quienes no coordinan bien la musculatura durante la evacuación.
Tratamiento mínimamente invasivo
El prolapso mucoso se trata igual que una hemorroide interna avanzada: ligadura con banda elástica de la mucosa redundante o láser, que retrae el tejido y lo fija en su sitio. Ambos se hacen con anestesia local, en una sesión breve y con alta el mismo día. En los niños el prolapso casi siempre cede al tratar el estreñimiento o la diarrea.
Cirugía en el prolapso completo
Cuando sale toda la pared del intestino, hay que fijar el recto al sacro o extirpar el segmento redundante. Las intervenciones por vía abdominal, sobre todo la rectopexia ventral con malla por laparoscopia, tienen la menor tasa de recidiva y se prefieren en pacientes que toleran una anestesia general. Las técnicas perineales, como las de Delorme y Altemeier, se realizan a través del ano y se eligen en pacientes mayores o frágiles, a cambio de un mayor riesgo de recidiva.
Cuándo es una urgencia
Un prolapso que no se reduce se hincha en pocas horas, y esa hinchazón dificulta aún más la reducción. Si se compromete la circulación, el tejido puede necrosarse. Quien tenga un prolapso que permanece fuera, se oscurece o duele debe ser atendido el mismo día.
¿Qué ocurre si no se trata?
El prolapso rectal no se estabiliza. El segmento que sale se alarga, el esfínter se distiende más y la incontinencia, que empezó como algún manchado ocasional, se vuelve constante. La mucosa expuesta se ulcera y sangra, y el moco continuo mantiene irritada la piel. Cuanto más tiempo lleve distendido el esfínter, menos continencia se recupera tras la reparación.
Recuperación y seguimiento
Después de una ligadura o de un tratamiento láser por prolapso mucoso, la mayoría vuelve a su actividad al día siguiente. Tras una reparación quirúrgica, la recuperación va de unas dos semanas en las técnicas perineales a cuatro o seis en las abdominales. En todos los casos rige la misma regla posterior: el hábito intestinal que provocó el prolapso tiene que cambiar, o el problema regresa.
Cómo prevenir la recidiva
- Mantener las heces blandas con fibra y líquidos, sin depender de laxantes
- No permanecer sentado en el inodoro más de unos minutos ni empujar
- Tratar la tos crónica y dejar de fumar
- Continuar con los ejercicios del suelo pélvico también después del tratamiento
- Consultar ante el primer bulto, sin esperar a que sea permanente
Cuándo acudir al médico
Pida cita si aparece tejido en el ano después de defecar, si ha empezado a escapársele gas o heces, o si el moco y el manchado se han vuelto diarios. Acuda el mismo día si el prolapso no se puede reintroducir, duele o cambia de color.
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Fuentes
Aviso: este contenido tiene fines informativos generales y no sustituye el consejo, el diagnóstico ni el tratamiento de un médico. Consulte a un especialista para orientación sobre su caso.