Respuesta rápida: la fístula anal es un trayecto anómalo que comunica el interior del canal anal con la piel de la zona perianal. Casi siempre nace de un absceso previo, no cicatriza sola y los antibióticos no la cierran. El tratamiento consiste en eliminar el trayecto preservando el esfínter; el láser (FiLaC) permite hacerlo sin cortar el músculo, con anestesia local y alta el mismo día.
Contenido revisado por Op. Dr. Yasir Gözü, especialista en proctología.
¿Qué es una fístula anal?
En el canal anal existen unas glándulas diminutas que desembocan a la altura de la línea dentada. Cuando una de ellas se obstruye e infecta se forma un absceso, y al drenarlo puede quedar un túnel que va desde el orificio interno de la glándula hasta la piel: esa es la fístula.
Por ese trayecto sale de forma intermitente pus o líquido serohemático. El paciente suele describir un orificio que supura, se cierra unos días y vuelve a abrirse. Cada cierre temporal da la impresión de curación, pero la comunicación sigue ahí.
Síntomas de la fístula anal
La fístula rara vez produce un dolor agudo continuo; lo que la caracteriza es la supuración persistente y su ritmo de altibajos.
- Supuración intermitente por un orificio en la piel cercana al ano
- Manchado de la ropa interior y necesidad de usar apósitos
- Dolor sordo que aumenta cuando el orificio se cierra y el pus se acumula
- Enrojecimiento e induración alrededor del orificio externo
- Picor e irritación crónica de la piel
- Episodios repetidos de absceso en la misma zona
La fiebre aparece cuando el trayecto se obstruye y el pus vuelve a acumularse, es decir, cuando se forma de nuevo un absceso sobre la fístula.
¿Fístula anal o hemorroides?
Las hemorroides sangran y pueden prolapsarse, pero no supuran. Un orificio que expulsa pus o mancha la ropa interior no es una hemorroide, por mucho que el paciente lo haya interpretado así durante meses.
¿Fístula anal o fisura anal?
La fisura duele de forma intensa al defecar y sangra; la fístula supura y molesta de forma sorda. Ambas pueden coexistir, sobre todo en la enfermedad de Crohn, y la exploración es lo que las separa.
¿Qué causa una fístula anal?
El origen más frecuente es un absceso perianal previo. Alrededor de un tercio de los abscesos deja después un trayecto fistuloso, y ese porcentaje explica por qué el seguimiento tras un drenaje no es un trámite.
Hay además causas menos habituales que conviene tener presentes, porque cambian el pronóstico y el tratamiento.
- Enfermedad de Crohn, que produce fístulas complejas y recidivantes
- Traumatismos y cirugía anorrectal previa
- Desgarros obstétricos
- Tuberculosis, actinomicosis y otras infecciones poco frecuentes
- Radioterapia pélvica
En un paciente joven con fístulas múltiples o recidivadas, descartar una enfermedad inflamatoria intestinal es parte del estudio, no un exceso de celo.
Tipos de fístula anal
La clasificación de Parks describe por qué plano del esfínter discurre el trayecto. Esa relación decide la técnica y el riesgo de afectar a la continencia.
Cuanto más músculo atraviesa el trayecto, menos aconsejable es abrirlo y más importante resulta elegir una técnica que preserve el esfínter.
¿Cómo se diagnostica la fístula anal?
La exploración localiza el orificio externo y, mediante el tacto y la anoscopia, se busca el orificio interno. La regla de Goodsall orienta sobre la dirección probable del trayecto según dónde esté el orificio en la piel.
En las fístulas complejas, recidivadas o asociadas a enfermedad de Crohn, la resonancia magnética pélvica es la prueba de referencia: muestra el recorrido completo, los trayectos secundarios y las colecciones ocultas.
- Exploración del orificio externo y búsqueda del interno
- Anoscopia para valorar el canal anal
- Resonancia magnética pélvica en fístulas complejas o recidivadas
- Ecografía endoanal para valorar la integridad del esfínter
La ecografía endoanal aporta información sobre la integridad del esfínter y resulta especialmente útil cuando ya existe alteración de la continencia, porque condiciona la técnica elegida.
Opciones de tratamiento de la fístula anal
El principio es siempre el mismo: eliminar el trayecto conservando la mayor cantidad posible de músculo esfinteriano. Lo que cambia es la técnica, y depende del tipo de fístula.
Cierre con láser (FiLaC)
Se introduce una fibra láser por el trayecto y se retira lentamente mientras emite energía: el túnel se limpia y se cierra desde dentro.
No se secciona el esfínter, no quedan heridas abiertas y el paciente vuelve a casa el mismo día, con anestesia local en la mayoría de los casos.
Es la opción preferente en las fístulas transesfinterianas, donde cortar el músculo comprometería la continencia, y puede repetirse si el cierre es incompleto.
Los antibióticos, por sí solos, no cierran el trayecto: reducen la inflamación de un brote, pero el túnel epitelizado permanece y la supuración regresa.
Técnicas asistidas por vídeo (VAAFT)
Un endoscopio muy fino recorre el trayecto y permite verlo por dentro, localizar el orificio interno y limpiar los trayectos secundarios bajo visión directa. Es útil en fístulas complejas y suele combinarse con el cierre del orificio interno.
Colocación de sedal (setón)
Un hilo colocado a través del trayecto mantiene el drenaje y evita nuevos abscesos. Se utiliza como paso previo en fístulas complejas, en la enfermedad de Crohn y cuando hay inflamación activa que impide un tratamiento definitivo inmediato.
Fistulotomía: la intervención clásica
La fistulotomía abre el trayecto en toda su longitud y tiene la tasa de curación más alta. En fístulas superficiales e interesfinterianas bajas, donde el músculo implicado es mínimo, sigue siendo una buena opción.
En trayectos altos su uso está limitado por el riesgo de incontinencia, y en esos casos se prefieren técnicas que preservan el esfínter, como el colgajo de avance mucoso o el LIFT.
Por qué tratarse en Avrupa Cerrahi
La fístula anal es una patología en la que la técnica importa tanto como el diagnóstico previo: tratar un trayecto sin conocer su recorrido completo es la causa más frecuente de recidiva.
El estudio, la planificación y el tratamiento se realizan de forma coordinada, con anestesia local siempre que la fístula lo permite y sin ingreso hospitalario.
El equipo trabaja a diario con patología anorrectal compleja y atiende también a pacientes internacionales, con seguimiento programado tras el alta.
Recuperación tras el tratamiento con láser
La mayoría de los pacientes retoma su actividad en uno o dos días, con molestias leves y algo de secreción durante la primera semana.
La cicatrización interna requiere varias semanas y se comprueba en una revisión programada, que es también el momento de detectar un cierre incompleto.
- Higiene suave y zona seca durante las primeras semanas
- Evitar el estreñimiento para no forzar la zona tratada
- Apósito los primeros días si hay secreción
- Revisión programada para comprobar el cierre del trayecto
Mantener la zona limpia y seca y evitar el estreñimiento ayuda a que el cierre sea definitivo.
¿Qué ocurre si la fístula no se trata?
La fístula no se cierra sola. Con el tiempo aparecen trayectos secundarios que hacen el problema más complejo y el tratamiento más agresivo.
Se repiten los abscesos, la piel se mantiene irritada de forma crónica y la calidad de vida se deteriora por la supuración continua.
- Aparición de trayectos secundarios que complican el tratamiento
- Episodios repetidos de absceso
- Irritación crónica de la piel y supuración continua
- Mayor riesgo de afectar al esfínter cuando se trata tarde
En fístulas muy antiguas se han descrito, de forma excepcional, transformaciones malignas dentro del trayecto. Tratarla pronto es también la manera de conservar mejor el esfínter.
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Fuentes
Aviso: este contenido tiene fines informativos generales y no sustituye el consejo, el diagnóstico ni el tratamiento de un médico. Consulte a un especialista para orientación sobre su caso.